En el corazón de Cantabria, junto al río Pas y rodeado de un privilegiado entorno natural, el Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo es uno de los grandes referentes del termalismo cántabro. Su historia, ligada a las propiedades de sus aguas minero-medicinales, se remonta a más de dos siglos y refleja la evolución de la tradición termal hasta nuestros días.

Un origen ligado a sus aguas

Los primeros testimonios sobre la actividad termal en Puente Viesgo se remontan a 1766, cuando ya existían casas de baños en torno a los manantiales, propiedad de la familia Corcho. En 1850, los baños ya eran conocidos y utilizados por sus propiedades terapéuticas, consolidando poco a poco la tradición termal de la localidad.

Durante el siglo XIX se creó la primera «caseta de baños» y, un siglo después, la primera casa de huéspedes, donde las clases pudientes disfrutaban de un veraneo saludable, combinando las propiedades de las aguas con el descanso y el contacto con la naturaleza.

El reconocimiento no tardaría en llegar. En 1888, el Balneario obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Barcelona, un importante galardón que ponía de manifiesto la relevancia que había adquirido Puente Viesgo dentro del panorama termal de la época.

En 1898, las casas de baños fueron reconstruidas pese a las dificultades provocadas por las crecidas del río Pas, dando continuidad a una actividad que ya formaba parte de la identidad de la localidad.

La época dorada del balneario

Entre 1900 y 1930, el Balneario vivió una de sus etapas de mayor esplendor. Puente Viesgo se convirtió en un destino frecuentado por personalidades de la vida social y cultural de la época, entre ellas el Marqués de Comillas, Benito Pérez Galdós y Marcelino Menéndez Pelayo.

Como sucedía en los grandes balnearios europeos, las estancias no se limitaban a los tratamientos termales. El balneario era también un lugar de descanso, encuentro y vida social, en el que el bienestar y la naturaleza adquirían un especial protagonismo.

Tras esta época de esplendor, las décadas centrales del siglo XX estuvieron marcadas por un periodo de decadencia y casi abandono del complejo.

Una nueva etapa de renovación

La historia del Balneario dio un nuevo giro en 1990, cuando el empresario cántabro Manuel Pérez Mazo adquirió la propiedad y puso en marcha un ambicioso proyecto de transformación.

La reapertura llegó en 1991, con un complejo renovado que contaba con 101 habitaciones, categoría de cuatro estrellas, un moderno balneario y una nueva propuesta gastronómica con el restaurante El Jardín.

A partir de entonces comenzó una etapa de crecimiento y modernización. En 2003 se amplió el complejo con un nuevo edificio, nuevas habitaciones y espacios como jardines, piscina exterior, solárium y gimnasio. En 2006 se inauguró el Templo del Agua, uno de los espacios más emblemáticos del complejo, al que se sumaría posteriormente la Piscina de Flotación.

Durante los años siguientes continuó la renovación de las distintas áreas del establecimiento, hasta llegar a la actualidad, con una reforma integral de las habitaciones iniciada en 2020 y un complejo que cuenta actualmente con 133 habitaciones.

Un referente también para el deporte

La historia reciente del Balneario también está vinculada al deporte de élite. En 1994, la Selección Española de Fútbol eligió Puente Viesgo como lugar de concentración antes del Mundial de Estados Unidos.

Desde entonces, Puente Viesgo se ha convertido en un lugar habitual de concentración de la Selección Absoluta y la Selección Sub-21 de fútbol de España. En 2011, además, el Balneario acogió a la Selección Española de Fútbol Sala, consolidando su relación con el deporte de alto nivel.

Una historia que continúa

Más de 250 años después de aquellas primeras referencias a las casas de baños, el Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo mantiene intacta su esencia: el agua termal como fuente de salud, bienestar y descanso.

Hoy, tradición y modernidad conviven en un establecimiento que ha sabido evolucionar sin renunciar a sus raíces. Sus aguas, su entorno y la experiencia acumulada durante generaciones convierten a Puente Viesgo en una parte imprescindible de la historia del termalismo de Cantabria.

Porque en este rincón del valle del Pas, la historia no solo se recuerda: continúa fluyendo con el agua.